Harto.
Henchido de Hartura. El hartazgo de mis tedios cotidianos, hartándose. Hasta hartarme, siempre quedo desprovisto; inerme: si no exploto, no soy nadie.
Me auto-sacio con conductas prometedoras; sólo de la idea. Mi cabeza y su torbellino bastan para diezmar mis energías positivas, mi esperanza mantenida por el músculo del miocardio, mi sensación de bienestar... Y cuando no queda nada, se avecina la vacía desesperación que llena las cánulas del afecto. De este modo y en ésta frecuencia mefistofélica es cuándo desaparece la interrelación entre objetos, la justificación de las existencias de los seres y los entes, el individualismo y el colectivismo que algunos profesan como ley visceral, es decir, el tu y el vosotros deja de tener sentido, el ellos se aleja demasiado hacia la ignorancia, el ella viste vestido invisible y el él no parece querer mostrarse por ninguna parte; aunque el ello por fin adquiere imagen de toda la realidad presente, una imagen que recoge tanto lo bestial como lo vestigial; aunque el ello sirva de pantalla de proyección y de proyector de película, si hay algo que de verdad cambia en toda esta metamorfosis de monstruo bípedo devora mentes, es el "yo", que en su omisión, todo vale...
[se escuchan gritos desgarradores en las inmediaciones de la ciudad; se oyen por las ventanas de la casa; se perciben en los cuartos contiguos; se advierten en la habitación, en el armario, debajo de la cama, dentro de la almohada; retumban en la cabeza aullidos...
Te dejan sordo...
vacío]
Montoro...muy grande, muy grande este escrito. Muy psicológico a la par que profundo. Me ha sobrecogido.
ResponderEliminarTierno sangriento.
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