jueves, 8 de julio de 2010

Hola de luz.

Buenos días, buenas tardes o buenas noches queridos amigos o enemigos. Mi nombre -o ese pequeño engendro de mí al que los demás llaman- es Montoro. A secas. No quiero tener apellidos. Soy partícipe de mi propia historia, pero desde hoy hacia el futuro. En mi sangre llevo el resquicio de otras sangres que no son más que eso: resquicios.
“Recuerdo” me suena a “resquicio”. Y el recuerdo no nos deja mirar la clarividencia del futuro, aunque ésta sea un saco de putrefacción, tristeza, desolación o alegría alcoholizada. También encuentro en esa diafanidad momentos de sinceras felicidades, de pequeñas eternidades a las que yo llamo detalles. Ahora he tenido una de esas pequeñas grandezas que tanto me gustan: he puesto música de fondo, he comenzado a escribir esta oscura descripción dibujada de mí mismo y todas las farolas de las calles colindantes se han apagado así, sin más, sin decir adiós. Quizás sea esa luz la que ahora abraza con su energía a la mía mientras dejo caer las letras una a una, y por eso no se ha despedido; porque ahora es ella la que os ha saludado. No soy yo, amigos o enemigos, es la luz la que os dice buenos días, buenas tardes o buenas noches; yo no podría dirigir un saludo así sabiendo que es más probable que tengáis un mal día, una mala tarde y una mala noche (aunque la noche tiene más cercano el placer sexual y eso es bueno, muy bueno).
Y, ¿qué os escribe la luz? ¿Qué os dice? A mi, en sus pequeños secretos que me susurra al oído en este mismo instante me explica con dolor y pesar que no queréis su compañía y que estáis muy equivocados en buscarla y evocarla en la grandiosa razón, en la seriedad, en la responsable madurez. Me pide, por favor, que os muestre sus propias palabras:

“soy la luz, nada más
dañina en ocasiones, sonriente, alegre en otras
no perdáis mi pista dando pasos
de amargura hacia la luz -acabará por ser ceguera de llanto y pena-

buscadme donde el juego siga vivo
donde la lágrima sea tan inocente como la muerte
recordarme y abrazarme con mi frío abrasador y con mi sol de hielo
soy tu pasión,
tu anhelo,
respiración de espectro
uñas del suelo en las que pisas
pétalos de rosa blanca en los que vuelas en tus sueños

soy un faro y una pérdida.
Soy ínfima
soy la luz y soy enorme por tu sombra y sin tu sombra
no soy nada”.

Por hoy ya me despido. Me quedo pensando en las palabras de la luz. Hasta la próxima.


MONTORO.

2 comentarios:

  1. Muy buenas Montoro, soy Javi, encantado de poder leerte. Me habían hablado muy bien de tus escritos y desde luego, por lo que leo, me gusta mucho cómo escribes, así que espero poder conocerte en persona y seguir leyéndote ya como un medulero más. Hasta pronto.

    ResponderEliminar
  2. Bueno Montoro, hasta que no he visto tu blog recien hecho y calentito, no me creía lo que Javi me estaba diciendo. Espero que puedas comentarnos con tus gracias y tus sensaciones maravillas o desdichas de nuestros escritos, y por mi parte yo intentare hacer lo mismo con tu blog, que se antoja mmmmmmmmm.
    Un abrazo tío!

    ResponderEliminar